viernes, 4 de diciembre de 2009

Religión




Y la nueva entrada va sobre la religión en Japón. Con el paso del tiempo y su cada vez más occidentalización del país nipón, los japoneses han incluido diversas religiones para su vida diaria, la gran mayoría de diferentes rasgos, que forman parte de un proceso llamado sincretismo.

Sin embargo, es la religión del budismo la más practicada en Japón. Hasta el siglo VII la sintoísta fue la que contaba con mayor número de seguidores y, en la actualidad, ocupa el segundo puesto en la lista. Pero debido a las influencias de China, hoy día, siguen existiendo muchas familias de confucianos y taoístas. También se cultiva el cristianismo, sobre todo en sus vertientes de protestantismo y catolicismo, aunque sus creyentes son bastante escasos.

Si bien el budismo es la religión por excelencia del país del sol naciente, la más conocida es la sintoísta. El culto al sintoísmo siempre ha estado presente en el país, pero se desconoce tanto su origen (aunque se cree que se remonta a los comienzos del país) como su creador. Lo que prima en esta creencia es el absoluto respeto a los elementos de la naturaleza, a los héroes del país y a los antepasados. Lo primordial era la admiración a la figura del emperador, considerado un ser divino, y la adoración a los denominados kami, espíritus de la naturaleza. Los kami son muy variados y hay algunos locales como los espíritus que protegen una zona concreta, o genios inclasificables que simbolizan objetos o estados anímicos. Un ejemplo de esto es el kami Amaterasu, diosa del sol según la religión sintoísta (o Shinto). En esta religión lo que se persigue es venerar a todas las deidades existentes, tanto del cielo como de la tierra, además de respetar en todo momento a los predecesores familiares. En sus orígenes, no muy claros por cierto, esta religión no tenía un nombre y, con la llegada del budismo a Japón, se la calificó como Butsudo, que viene a decir algo similar a “camino de Buda”. Pero para diferenciarla del budismo, se la bautizó como shinto. Este término proviene de una vieja palabra de origen chino que significa “el camino de los dioses”. El motivo de optar por un vocablo chino para una religión japonesa fue porque el único idioma que tenía escritura en Japón era el chino, puesto que, por aquel entonces, el pueblo japonés no había creado su propia lengua. Retomando el tema de los kami, seres espirituales, hay que decir que cada vez hay más dioses a los que venerar en esta religión, y que los seres humanos son considerados sus hijos, por lo que gozan de naturaleza divina. Tuvo tal aceptación esta filosofía de vida que se implantó como ideología del país durante la etapa militar y fue la religión oficial del Estado hasta el año 1945.

Aquí os dejo un link crítico sobre la religión en este país y su moral:



miércoles, 2 de diciembre de 2009

El clima japonés


Para conocer más a fondo ese país que cautiva a tantísimas personas, hay que adentrarse en los terrenos japoneses para investigar hasta el último aspecto del país. Por eso he decidido también hablar en mi blog sobre detalles relativos al propio Japón. El primero de ellos es su clima.


Japón se caracteriza por ser un país bastante lluvioso y con altas dosis de humedad. Además, según en el punto cardinal en el que uno se encuentre, el clima variará notablemente. Y es que el país del sol naciente tiene un clima, por lo general, templado y con las estaciones del año muy bien distinguidas.


Las mejores estaciones del año, en cuanto a temperaturas y buen tiempo, son la primavera y el otoño. Durante estos periodos prevalece un clima suave y soleado, aunque no es raro que en septiembre aparezcan, de vez en cuando, fuertes lluvias y vientos. En invierno, debido a la gran presión de la zona siberiana y la baja presión del norte procedente del océano Pacífico, se producen vientos de bajas temperaturas que van desde el oeste hasta el este del país, dejando con ellos nevadas por la costa. Además, el viento es más suave en la costa, mientras que por el mar de Japón suele estar muy nublado. Y en los meses de verano, los cuales son cálidos pero de noches húmedas, tienen lugar una sucesión de lluvias que suelen durar todo julio, con la excepción de Hokkaido, la isla más septentrional de Japón, la cual no es afectada por el periodo lluvioso. También merece la pena saber que la capital, Tokio, goza de unos inviernos más moderados en cuanto a la humedad, y que en verano es la ciudad con el índice más elevado de temperatura.


Pasando ya a otros detalles climatológicos, en Japón hay dos factores que influyen en su meteorología: el primero de ellos son las corrientes oceánicas, el otro su proximidad con Asia. Y, como último apunte, también son importantes en el clima de Japón dos corrientes, una es la cálida de Kuroshhio, y la otra la fría de Oyashio. Según estas corrientes, se llevará a la costa mucho calor o fuertes vientos que pueden acabar en tifones veraniegos, llegando a producir serios daños.


martes, 1 de diciembre de 2009

El papel de las GEISHAS



Debido a sus apariciones en películas y libros, el papel de las geishas se ha mitificado y ha modificado su concepto original.

Es a partir del año 1750 cuando surgen las geishas. Al principio, estas personas fueron conocidas como “profesionales del entretenimiento”, se las contrataba para amenizar las veladas y reuniones. Es curioso destacar que, en un primer momento, las geishas eran hombres y ya luego empezaron a ocupar estos puestos el sexo femenino. Aunque hoy día el concepto de geisha uno lo relaciona con un modo de prostitución, tema del cual hablaré más tarde, hay que saber que mientras que las geishas mostraban al público sus habilidades con instrumentos musicales, bailaban, narraban historias y servían el té, eran las cortesanas las que ofrecían servicios sexuales a cambio de dinero.

Originariamente, existían dos clases de geishas según el lugar en el que trabajaban: las machi (geishas de ciudad que actuaban en fiestas alejadas de los suburbios) y las kuruwa (ofrecían sus servicios en los conocidos barrios de placer). Con el paso del tiempo, las cortesanas de la ciudad caen en desgracia y hay una fuerte demanda de geishas.

A raíz de este acontecimiento, fue cuando el servicio de las geishas afloró y se empezaron a reclutar a niñas desde muy temprana edad. Algunas de ellas eran vendidas por sus familias a las casas de geishas y otras, las menos, se apuntaban voluntariamente.

Una vez introducidas en el mundo de las geishas, las niñas comenzaban como criadas o asistentes de las geishas más experimentadas y, transcurrido un periodo de unos dos o tres años, ya se convertían en aprendices de geisha (llamadas maiko). Durante su entrenamiento, practicaban en las okiya, las típicas residencias para las geishas. Era entonces cuando se les inculcaba conocimientos de arte, cultura y música, así como buenas maneras y protocolo. Además, debían aprender a tocar los instrumentos tradicionales musicales, tales como el taiko, el shamisen y el shakuhachi. También asistían a clases de canto, baile, literatura y arreglos florales(ikebana).

Con el paso del tiempo, el número de geishas en Japón ha ido disminuyendo a pasos agigantados. Si en los años 20 había más de 85.000, hoy sólo existen unas mil en todo el país. Esto se ha debido, principalmente, a la pérdida de las tradiciones, a una vida más independentista y a una época de grandes crisis económicas.

Retomando el comentario del principio respecto a la confusión entre el trabajo de las geishas y la prostitución, puedo decir que aún hoy día, existen muchas personas que creen que una geisha es una prostituta. Esto se debe, sobre todo, a que las chicas de compañía japonesas se han promocionado como geishas ante los turistas. Desde que surgieran las geishas, éstas debían mantenerse solteras o, si se casaban, abandonar su oficio. No obstante, era frecuente que las geishas ni se casaran ni tuvieran hijos. Como norma general, las geishas tenían un danna, un cliente fijo que era su protector, un hombre adinerado, casado o no, que solicitaba frecuentemente sus servicios y la colmaba de atenciones y regalos. No podían ir más allá de un estricto compromiso económico pero, en algunas ocasiones, una geisha y su danna se enamoraban. Era entonces cuando, si se deseaba hacer pública la relación, el danna tenía que entregar en la residencia de la geisha una generosa cantidad de dinero para “comprar” a su pareja. Pero jamás estuvo, ni está, bien visto por la sociedad nipona.

Si nos fijamos en la apariencia de las geishas, éstas destacan por su maquillaje, su peinado y su vestimenta, aspectos muy cuidados hasta el último detalle.

En cuanto al maquillaje, puede que sea el elemento más reconocible y destacado de una geisha. Se pintan la cara entera de blanco como color de base y, a modo de contraste, para los labios optan por un rojo intenso y los ojos muy negros. Lo primero que hacen es maquillarse, para no ensuciarse la ropa. Se ponen una sustancia por toda la cara que suele ser de aceite o cera, seguida de polvos mezclados con agua que forman una pasta que se aplican con una brocha de bambú. Esta mascarilla se aplica tanto en la cara, en el cuello, el escote y las manos (es decir, en todas las zonas que deja al descubierto el kimono), en forma de w o v, acentuando así la zona erótica entre el pelo y la nuca. Para dar aún más brillo a los labios, se los pintan con azúcar cristalizada mezclada con agua.

Si nos paramos a observar el atuendo de una geisha, veremos que es muy elaborado, hermoso y delicado. La prenda por excelencia es el kimono, habiendo variaciones entre las aprendices y las geishas más experimentadas. Las más jóvenes usan kimonos y obis muy llamativos, de vivos colores; las mayores se decantan por kimonos de tonos más serios y elegantes. También es interesante destacar que los kimonos varían según la estación del año en la que estén: en invierno añaden motivos navideños, abrigándose con una especie de bufanda que le cubre el cuello de seda natural; en verano son más livianos y los colores más cálidos. Un aspecto que llama la atención es la longitud de las mangas, siendo algunas tan largas que rozan el suelo, sobre todo para las aprendices. Y el calzado, para el exterior, de una geisha son las sandalias de madera y laca, denominadas zori; para el interior usan los tabi, los calcetines divididos en los dedos.

Ya sólo falta comentar el peinado. La forma de peinarse de las geishas ha ido variando según avanzaba la historia. Antiguamente, el cabello lo llevaban suelto pero, a partir del siglo VII, las mujeres empezaron a recogérselo en un moño, peinado que se extendió y consolidó como el típico de las geishas. Éstas tomaron como referencia los peinados de ese siglo para su trabajo. Éste es el shimada, existiendo 4 tipos diferentes: el de las jóvenes, un moño aplastado para las mayores, otro al que se le pone un lazo de color y, por último, está el moño que imita a un melocotón. Y para decorar sus moños, las geishas usan horquillas muy elaboradas. Como último apunte, cabe decir que este tipo de peinados tradicionales están en desuso, ya que las geishas del siglo XXI optan por las pelucas a medida, elaboradas por artesanos de gran prestigio en el mundo artístico.