martes, 13 de julio de 2010

Ikebana o cómo hacer obras arte con las flores



Hoy retomo los temas culturales con el IKEBANA o arte floral. Se trata de una disciplina artística milenaria que se remonta a las ofrendas realizadas a los kami, los espíritus de la naturaleza. Con el paso del tiempo y debido a su éxito, el ikebana fue más allá y pasó de los templos a los hogares y escuelas. Así fue cómo este arte floral caló en la población japonesa y se hizo un hueco entre sus artes y tradiciones.

Analizando el vocablo en cuestión, ikebana es una palabra compuesta por dos términos: ikiru, que significa vivir, y hana, flor. Pero antes de conocerse como ikebana, a esta maestría con las flores y plantas se la llamaba ka do (el camino de las flores).

Como los japoneses se caracterizan por poner todo su empeño en lo que hacen, con el ikebana no podían ser menos. Resulta que en Japón se considera algo superior a un ornamento floral; lo catalogan dentro de las actividades artísticas representativas de su nación, llevando por bandera la mezcla entre la paciencia, la observación y el respeto por la naturaleza.

Os dejo un vídeo sobre cómo se hace realmente ikebana porque, a simple vista, puede parecer muy sencillo o no tener trabajo de fondo, pero no es así. Para hacer ikebana hay que trabajar mucho y saber conectar con la naturaleza. Así se consigue sacar el máximo partido posible a esta disciplina y lograr verdaderas obras de arte gracias a las flores y a las plantas.



Además de ser un gozo visual y decorar el ambiente, el ikebana tiene otras propiedades. Una de ellas es que simboliza los estados emocionales del ser humano. Pero si profundizamos un poquito más, el ikebana tiene más cualidades. Como por ejemplo, el orden. Un requisito imprescindible a la hora de practicar ikebana es tener la habitación ordenada, limpia y ventilada. Debe reinar el silencio y la tranquilidad, tal y como se hacía en el pasado, en un ambiente de espiritualidad y con conciencia plena de lo sagrado. A la hora de manipular las plantas hay que hacerlo con cuidado, sabiendo lo que se hace y el por qué de nuestra acción. Cada paso está meditado profundamente y nada se hace a la ligera. Todo esto es una muestra más de la paciencia y dedicación que los japoneses ponen en sus actividades, ya sean por obligación o por ocio.



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